Futbol

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22 de enero de 2013 • 00:26

EL ARTILLERO: La ‘dulce muerte’ de Pável Pardo como jugador

Pável Pardo marcó una época como jugador en el mediocampo de América.
Foto: Mexsport
 

“Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte”, recitaba Leonardo da Vinci, una frase que se puede aplicar perfectamente a la carrera de Pável Pardo, tan prolífica como longeva, tan exitosa como alejada de polémicas, tan cargada de emociones como el veneno de sus dardos. Se va un grande en la historia del América y un puntal de la Selección Mexicana en Alemania 2006.

Lejano está aquel 1992 cuando estando en la academia de Atlas ya plasmaba su calidad a balón parado. Fue esa técnica la que lo llevó a ser solicitado con mayor insistencia por Marcelo Bielsa. Y entonces tomó la decisión que le cambió la vida: le pidió a sus padres que le dieran un año para corroborar su calidad en el futbol, para abandonar los estudios, para ir en búsqueda de un ‘sueño guajiro’ para millones de mexicanos. Y no se equivocó, ya que un año más tarde estaba debutando en Primera División con apenas 17 años.

Pero Pável no se voló, demostró gran madurez para su corta edad. En vez de pasársela en los ‘antros’ o malgastar su dinero, prefería quedarse una o dos horas más practicando tiros libres, perfeccionando su técnica, sabía que debía entregarse al cien por ciento si quería longevidad. Sus características sobresalían y dejaban en claro que la posición de lateral derecho le quedaba chica debido a su aguda visión periférica; sin embargo, esa misma función en la cancha fue la que lo llevó a Francia 98 bajo la tutela de Manuel Lapuente.

Y entonces se asentó, pasó a Tecos, pero requería mayor trascendencia y a partir de 1999 formó parte del América. Nacieron los ‘dardos envenenados’, los trazos largos a Claudio López, la sociedad dentro de la cancha con Cuauhtémoc Blanco, aunque fuera del terreno apenas si se hablaban debido a la diferencia de ideas y formas de ser. Fue Campeón en el Verano 2002 y también en el Clausura 2005, para ese entonces ya era el mandón en el mediocampo azulcrema.

Pero quiso más y lo logró. Era sabida su afición por los idiomas, ya sabía inglés antes de incorporarse al Stuttgart, lo que le abrió la puerta a una más rápida adaptación en el club alemán en comparación a Ricardo Osorio. No por nada fue uno de los capitanes de un equipo que terminó el 2007 como campeón de la Bundesliga.

Y en el Tri vivió marcados claroscuros. Nunca fue contemplado para 2002, en 2006 era uno de los capitanes de Ricardo la Volpe, uno de los inamovibles de un esquema que terminó en los octavos de final ante Argentina; después fue baluarte en el esquema de Eriksson, pero Javier Aguirre regresó al Tri, lo convocó para su primer cotejo eliminatorio ante El Salvador, disputó los primeros 45 minutos y después salió para no volver a regresar. Está claro que no era del agrado del ‘Vasco’ a pesar de su calidad.

Sus últimos años los pasó en el América, un club que se ha acostumbrado a no agradecer a sus figuras, a no enaltecerlas, a que salgan por la puerta de atrás, y así se fue Pável como muchos otros en esa historia negra de las Águilas. Fue a la MLS al mismo club que Cuauhtémoc Blanco, sí, al mismo equipo que su némesis en los vestuarios y quien se había quedado con su exesposa. Y aún en esas adversidades, Pardo también fue uno de los capitanes de la escuadra estadounidense, desde donde ahora planea una carrera de estratega o directivo.

Sí, la dulce muerte de la que hablaba Da Vinci se refiere terminar una etapa en plena satisfacción, es el caso de Pável, quizá esos dardos ya no estarán cargados de veneno, se acabó la época de jugador, pero da paso al hombre de familia, al histórico americanista, al mejor mexicano en la Bundesliga y a uno de los referentes más importantes del futbol nacional de los últimos tiempos. Esta dulce muerte, sin duda, le dará pasó a una nueva vida.

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